
(Inquietudes en un domingo gris)
Debería ser honesto con la decencia
de no mentirnos a nosotros mismos.
Debería decir que me sofoca la sorpresa
y que no soporta mi frágil parecer semejante desencanto.
Pero singular calamidad no acepta objeciones,
y por decir verdades ya hemos hecho un mal arte
del seguir a fuerza de lo que nos mueve,
sin pedir mayor explicación.
¡Sí!, es absolutamente cierto e innegable:
La vida está en otra parte.
Y ahora que lo sé,
se me hace insoportable
este contra-mundo de caleidoscopios danzantes
donde consumimos lo poco que se nos sirve.





