martes, 28 de agosto de 2007

इन्क़ुइएतुदेस् दे उन दोमिन्गो ग्रीस



(Inquietudes en un domingo gris)

Debería ser honesto con la decencia
de no mentirnos a nosotros mismos.
Debería decir que me sofoca la sorpresa
y que no soporta mi frágil parecer semejante desencanto.
Pero singular calamidad no acepta objeciones,
y por decir verdades ya hemos hecho un mal arte
del seguir a fuerza de lo que nos mueve,
sin pedir mayor explicación.
¡Sí!, es absolutamente cierto e innegable:
La vida está en otra parte.
Y ahora que lo sé,
se me hace insoportable
este contra-mundo de caleidoscopios danzantes
donde consumimos lo poco que se nos sirve.

lunes, 27 de agosto de 2007




(Caminando mi alegría)


Sírvase tener la gentileza
de inclinar su rodilla
y reverenciar mi paso,
saludando como es debido
a esta Furiosa Alegría
tan pocas veces vista.


lunes, 11 de junio de 2007


(Compañía)


Velan mi sueño tres moscas angelicales
dotadas de malformados cuerpos y bocas.
Sus vuelos de alas negras
se impregnan de carmines de contravienes.
Son ágiles, rapaces,
y sobrevuelan mis pesadillas con singular simpatía,
como pendientes de lo que ya conocen,
de lo que las complace
de lo que no les es ajeno,

Aquí y ahora hay soledad,
sólo ellas se atreven a acompañarme con su vuelo en espiral,
que agita el aire y zumba el sueño
hasta despertarme





(Caminando mi alegría)


Sírvase tener la gentileza
de inclinar su rodilla
y reverenciar mi paso,
saludando como es debido
a esta Furiosa Alegría
tan pocas veces vista.

domingo, 10 de junio de 2007

martes, 5 de junio de 2007



(Rapsodia de noches agitadas y un amanecer)

Se ensucia con coplas (desidiosas) el aliento.
Surgen de a mares
las ganas de eso que la decencia oculta del sol.
Se ahogan y extravían
los colores de otra noche endulzada por el vino
-ese de intenso añejamiento en roble
e impúdicos besos sin amor-.
Los olores rancios perduran en un mundo ya amanecido,
mientras tu cuerpo y mi cuerpo desnudo se visten
aprontándose para un inevitable y mutuo olvido.




(Epitafio para mi muerte)

Una fosa común.
Sólo relatos anidando mi nombre.
Un sacrílego silencio de olvidos cesantes.
Y el siempre desolador polvo cubriendo los huesos.
Dignen no llorar mis restos.
Permitan a la maleza silvestre -aunque más no sea-
decorar sin censura mi perpetuo destierro.
Dejen cantar con otros a los deudos de mi muerte
las canciones que nunca entonamos.
Y eso bastara.

sábado, 19 de mayo de 2007


Instrucciones para Nuevos Revolucionarios)
Desestabilicen el mundo con el batir de dos palmas.
Derrumben el horizonte en la comisura de una sonrisa.
Díganlo todo al cerrar los ojos,
soñando -claro está-
que aún están despiertos.



(Recostados en la casual lujuria)
Caminos de improlijas indecencias।
Ausencias del tamaño de torrentosos ríos.
Espasmos de una franqueza siempre vivas.
Y un navegante naufragando
todos tus mares.
Qué más podría decirse de ti o de mí,
y de esta tarde adornada
por nuestros cuerpos desnudos.


viernes, 4 de mayo de 2007



(El infame Apocalipsis del hombre contra el hombre.)


La cresta de la historia sentencia la mala sed de todos los días
y fecundos de ríos púrpuras los desiertos vierten manantiales
por uno y cada uno de los muertos…
hasta que ya no quede más conmovedora melodía
que la risa de los desiertos perdiéndose en el viento.




(Eternos arrepentimientos de un amor inconcluso)

Tengo una molestia.
La sombra de un dolor.
La puntada aguda de una Luna de no-nacidos
que se atreve a brotar
más allá del aire que tocan mis dedos
-y juro que es por ella mi gloria y mi infierno-.
Tengo una molestia
que lleva tu nombre y viste tu cuerpo,
y sólo sabe gritarme con tono recriminatorio
lo que nunca te he dicho.

jueves, 26 de abril de 2007



(Seguridades)

Tengo la espantosa seguridad
de que en dos horas amanecerá.
Tengo la hermosa incertidumbre
de que nada es seguro para mí
en el día que se profetiza.



(Advertencia de muerte)


Mataría sin piedad
con una sola estocada de mi puñal
a quien se atreva a proponer
mejor transcurrir
para éste día gris,
que ver pasar el mundo
sin el eco de mis pasos,
refugiado tras éste vidrio
y mal acompañado por éste poema.

miércoles, 25 de abril de 2007

(Umbrales)

Siempre me admiraron los umbrales,
esas cavidades de espacio libre
que amuralladas por abajo,
por arriba y por los lados,
son paso franco entre esto y aquello,
entre lo exterior y lo interior,
entre lo mío y lo nuestro...




(Invitación a la poesía)

Se gestan inmensas las Lunas de los no-nacidos
prometiendo infatigables menguantes
para los que se atrevan a abrir sus ojos
al abismo de tan perpetua noche.




(Tarde frente al mar)


Pardas, verdes y azules
tardes de lloviznas,
y el deshacer de una espera mojando el aire.
Por Favor no le digan a ella
-la Implacable Soledad-
que aquí me escondo,
no sea que venga por mí
y sonroje como siempre mis despojos
a fuerza de rasgarme।

martes, 24 de abril de 2007

Fragmentos del Extravio

(PRÓLOGO)
Lo diré sin sonrojar la verdad con la falsa modestia: Soy, de todos los mortales que las musas bendijeron con el don de la palabra, el mejor Poeta que la fecunda tierra que sostienen los Andes ha dado desde el día en que las letras desembarcaron desde los oscuros mares, hasta el momento en que se hace carne en el papel lo que dicta mi boca. Y aunque no me es ajeno lo arbitrario del parecer, tengo por cierto que ninguna percepción puede herir la verdad que digo. Pero seré magnánimo, y si tu criterio no consiente lo que para mí es obvio, sin prestarme a la discusión debo decirte que tu genio por magnitud bien podría caber dentro de la cáscara de una nuez y que quien tú juzgues por mejor Poeta, siquiera es digno de deleitar su lengua con la belleza del más minúsculo de mis versos. Sin embargo me recuerdo a mi mismo que esto es un prólogo, así que, si permaneces virgen ante la lectura de lo que te brindo, bien es sabido que al fin de estos “FRAGMENTOS DEL EXTRAVÍO” sentenciarás que de tanto arte el escritor ya te había prevenido, y no podrás más que sonrisa en mano justificar mis dichos pensando “de los mortales éste sin duda es el que las musas por sobre todos han bendecido”. Pero si cerradas éstas páginas algún insensato solapa un criterio distinto, debo invitarlo a que relea con detenimiento cada una de las estrofas, y si aún así persiste su desatino, le daré como última opción que busque -de entre todos- el amante que a sus ojos mejor le siente, para que absorto en la ternura de sus besos pida con irreductible firmeza: “Léeme estos versos al oído, y que tu vos le de sabor a lo que yo no disfruto”. Claro que si -después de este preludio- su corazón persiste en la necedad, no tengo otra elección que apenarme, porque jamás imagine que los dioses puedan castigar a los hombres con el mal aterrador de encontrarse ante las más pura belleza, y aun así seguir latiendo con un corazón insípido.